Conflictos de límites y el uso de la “cartografía histórica”: el caso de Belén de Bajirá desde la mirada antioqueña

Luis Fernando González Escobar

Por Luis Fernando González Escobar

Introducción

Entre los meses de febrero y junio de 2017 se vivió una intensa polémica en los medios de comunicación tradicionales, medios virtuales, redes sociales y ámbitos políticos, no solo egionales, sino también nacionales, por el anuncio que hizo el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (igac) de la publicación de un mapa del departamento del Chocó, en el que se incluiría al pequeño pueblo llamado Belén de Bajirá, el cual reclama también como parte de su territorio el colindante departamento de Antioquia. Dicho anuncio pretendía dar por concluida una disputa limítrofe de varios años entre estos dos departamentos, ubicados en la esquina noroccidental de Colombia, que incluso había sido llevada ante las Comisiones de Ordenamiento Territorial de la Cámara y el Senado de la República, organismos competentes de ley en Colombia para dirimir este tipo de litigios.

El inicio de este diferendo limítrofe se remonta al 28 de junio de 2000, cuando el entonces gobernador de Antioquia, Alberto Builes Ortega, solicitó al Ministerio del Interior la aclaración de límites entre los dos departamentos, debido a que la Asamblea del Chocó había determinado pocos días antes (19 de junio) la creación del municipio de Belén de Bajirá. En respuesta a la solicitud del departamento de Antioquia, el gobernador del Chocó, Juan B. Hinestroza Cossio, solicitó el 5 de diciembre al mismo ministerio el deslinde respectivo.

A partir de entonces se inició un proceso que tiene cuatro momentos:

1. Una etapa administrativa, comprendida entre el segundo semestre del año 2000 y junio del año 2003, en donde se hicieron cinco propuestas por parte de los Gobiernos departamentales y el propio igac, sin llegar a ningún acuerdo. En esta etapa una Comisión Delimitadora Interdepartamental integrada por el IGAC realizó un primer informe técnico. Al no conciliar las partes, el 5 de junio de 2003 se remitió el proceso al Congreso de la República.

2. Una etapa legislativa, que se inició con el nombramiento, en julio de 2003, de la denominada Comisión Accidental Demarcadora para definir los límites entre los departamentos de Choc y Antioquia, la cual se instaló el 4 de noviembre de dicho año y se extendió hasta mediados de diciembre de 2016, cuando quedó de nuevo la situación en el limbo debido a que la comisión consideró que no era competente, pues no se tipificaba el principio de “límite dudoso” (Ley 1447 de 2011). En estos 13 años, el igac presentó dos informes técnicos: uno en marzo de 2017, para localizar las cabeceras de los ríos Tumaradó y Tumaradocito, factor determinante en la definición de los límites; el otro en febrero de 2016, que, luego de un trabajo de campo realizado en marzo de 2015, georreferenció una propuesta de límite, cuyo trazado técnico se incluyó en el informe. Pero ninguno de los dos informes técnicos fue acogido. Al declararse la comisión no competente, la conclusión de la ponencia del Senado fue no pronunciarse sobre el dictamen técnico del igac y devolver el asunto a esta entidad para que procediera de acuerdo con sus competencias.

3. Una etapa técnica de deslinde, a partir del 24 de enero de 2017, cuando la Secretaría General del Senado de la República remitió el expediente al igac, el cual fue recibido el 31 de enero. Acogiendo lo señalado en el Informe de Ponencia y en los criterios técnicos de las diligencias de deslinde en campo, se definió hacer el amojonamiento y georreferenciación, siguiendo lo definido en la Ley 13 de 1947 que creaba el departamento del Chocó y establecía cuáles eran sus límites (figura 33), etapa que terminó con la presentación del mapa el 10 de junio de 2017.

figura 33. Mapa físico-político del departamento de Chocó, en el que se incluye a Belén de Bajirá como parte de su territorio.
Fuente: “República de Colombia –Mapa Físico Político– Departamento del Chocó”, Instituto Geográfico Agustín Codazzi, 2017,

4. Una etapa de debate y polémica pública, que se superpone con la anterior entre la fecha del anuncio de la publicación del mapa y su posterior presentación, que amplificó y radicalizó la polémica desde aquel momento en que el límite trazado implicó que Belén de Bajirá quedara dentro del territorio del departamento del Chocó, junto a otros tres corregimientos del municipio de Turbo (Antioquia): Blanquicet, Nuevo Oriente y Macondo. Contrario a lo pretendido, la efectiva publicación del mapa reavivó el debate y la polémica se encendió aún más. Precisamente, es en esta última etapa en la que se quiere centrar este texto.

En la desenfrenada y pesada carga emocional desencadenada por los reclamos en torno a la posesión de Belén de Bajirá, discurren llamativas narrativas para reclamar el derecho inmemorial de Antioquia a la posesión de aquel territorio en disputa. Estas iban desde los discursos oportunistas con claros tintes políticos y electorales, pasando por la emocionalidad regionalista, hasta el fervor falsoidentitario por parte de gobernantes y políticos –con cierta carga cínica por las incompetencias previas–, pero también de energúmenos presentadores de programas de televisión posando de periodistas y de locutores deportivos exaltados. En el clímax generado, los apoyos reclamados y dados al gobernador de Antioquia en defensa de la integridad y contra el “zarpazo” al territorio de los antioqueños o, como se dijo, contra el acto ilegal y humillante, lo mismo que a la supuesta afectación sentimental a la forma del mapa, cualquier nota discordante a ese coro áulico sonaba a traición y convertía a su propalador en un apátrida en términos literales.

Por encima de las emocionalidades y discursos coyunturales, es necesario analizar en este diferendo limítrofe entre departamentos los planteamientos y narrativas detrás de estos, centrados en los recursos retóricos de carácter histórico instrumentalizados por intermedio de la “cartografía histórica”, la cual fue utilizada para definir sus puntos de vista, aspiraciones, legalidad y certeza en sus pretensiones. De ahí que el texto se centre en este aspecto fundamental de la polémica, especialmente desde la mirada de los funcionarios públicos y gobernantes de la ciudad de Medellín, amplificada por la prensa, medios y redes.

Todo un arsenal que buscaba, tras la andanada de narrativas convenientes y tergiversaciones interesadas, ocultar otros intereses no solo políticos, sino electorales, territoriales y económicos.

En Colombia hay por lo menos once diferendos limítrofes entre departamentos que están activos y no se han resuelto,2 de los cuales dos involucran al departamento de Antioquia: uno con el departamento de Córdoba, en la frontera norte del departamento, sobre la costa Caribe; el segundo con el departamento del Chocó, en la frontera noroccidental, que compromete, entre otros, al poblado de Belén de Bajirá. Este caso tomó más relevancia en los últimos años por las tierras ubicadas en la región de Urabá, escenario de un conflicto de vieja data entre diversos actores ilegales que, de manera directa o indirecta, ha beneficiado proyectos económicos extensivos, ya sean bananeros, ganaderos o de palmicultura, entre otros. Y por su ubicación geoestratégica como corredor del narcotráfico, asiento histórico de la guerrilla y considerado un ícono dentro de la historia de la violencia política y del conflicto armado interno, especialmente desde 1988, cuando la reacción paramilitar para sacar a la guerrilla implicó al menos la ejecución de 103 masacres entre ese año de 1988 y 2002, como lo documentó el Centro Nacional de Memoria Histórica, lo que implicó a su vez el desplazamiento de miles de habitantes, al punto de tener una de las mayores tazas entre 1989 y 1996.3

Un gran anhelo desde el siglo xix de la clase dirigente antioqueña fue la construcción de un puerto en el golfo de Urabá. Ahora se construyen no uno, sino tres puertos, lo que ha incentivado el interés por las tierras, tanto las más próximas a los puertos, como en las áreas de influencia en las que, en mayor o menor medida, están las que forman parte del creado municipio de Belén de Bajirá, motivo de litigio entre Chocó y Antioquia, departamento último donde se ubican los puertos y de donde salen los capitales, o se desarrollan los más importantes proyectos económicos de la región, de ahí los intereses involucrados.

Los antecedentes político-administrativos

Si bien el poblamiento y definición del caserío de Belén de Bajirá es producto de una colonización tardía de finales del siglo xx, el territorio donde se implantó es parte de una dinámica histórica que se definió y redefinió a partir de las primeras incursiones de la conquista hispánica en la denominada Tierra Firme. Con la capitulación firmada en Burgos el 9 de junio de 1508 por los capitanes Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa, se “otorgaron dos demarcaciones separadas para cada uno de los capitanes de la expedición: una para los territorios situados al este del golfo de Urabá y otra para los del oeste. A Alonso de Ojeda se le adjudicó la porción oriental –Urabá– más tarde bautizada como la Nueva Andalucía, que comprendía desde el cabo de la Vela hasta la mitad del golfo”,4 mientras que “Diego de Nicuesa recibió Veragua: la concesión más occidental, al otro lado del golfo de Urabá hasta el cabo de Gracias a Dios”.5

De la conquista se pasa a la colonización, con fundaciones tan efímeras como las de San Sebastián de Urabá, que va desde el 20 de enero de 1510 y que apenas duró ocho meses, para dar paso a la fundación, en la parte occidental del golfo de Urabá, de Santa María de la Antigua del Darién, a finales de septiembre de ese mismo año, constituyéndose en la primera ciudad en Tierra Firme, aunque abandonada en 1524. Más allá de esta historia de saqueos y masacres, de luchas y resistencias, de poblamientos y abandonos, lo cierto es que el río Atrato, bautizado así tiempo después, se convirtió en la frontera entre esas dos antiguas gobernaciones que, con el tiempo, asumieron los topónimos para configurar dos regiones reconocidas y diferenciadas: Urabá en la parte oriental y Darién en la occidental.

Desde entonces, estas regiones fueron razón de disputa entre los territorios indígenas en procesos de recolonización y la Corona española; entre las diferentes gobernaciones de la Nueva Granada –en tiempos de la Real Audiencia–, especialmente entre Cartagena, Popayán y aún Panamá; entre las provincias de Cartagena, Antioquia y Chocó en tiempo del virreinato; entre las provincias, Estados soberanos y departamentos en tiempos de la república en el siglo xix, específicamente entre Cauca, Antioquia y Cartagena, y ya en el siglo xx la disputa entre Antioquia y Chocó, este último primero como intendencia nacional y, a partir de 1947, como departamento.

A esas disputas político-administrativas coadyuvaron los distintos procesos y proyectos económicos extractivistas, impulsados por grupos de las élites de las distintas capitales regionales, que derivaron en dinámicas de ocupación territorial y de poblamiento, con los consecuentes cambios en la composición social entre indígenas de diferentes etnias, campesinos de diversas procedencias regionales y etnoculturales –mestizos, mulatos, negros libres, en general campesinos pobres de diferentes regiones del país–, en una dinámica compleja y cambiante que fue definiendo diferentes controles territoriales, una nueva estructura regional y un renombramiento toponímico, pero manteniendo el río Atrato como un referente de frontera interna. Por ejemplo, los procesos de expansión del proyecto colonizador antioqueño planteados desde la segunda mitad del siglo xix llevaron a que el topónimo Urabá saltara del lado occidental al oriental de aquel río, cuando en 1911 se creó la Comisaría Especial de Urabá, en el Gobierno del presidente Carlos E. Restrepo, precisamente de origen antioqueño. La sede de la comisaría quedó ubicada en Acandí, es decir, en territorio darienita, pero eso no fue óbice para que un proyecto con claros intereses económicos regionales se extendiera hasta allí, utilizando un nombre para la entidad administrativa que acentuaba el sentido simbólico.

Las diferentes dinámicas hicieron que las fronteras se movieran al vaivén de los intereses y proyectos políticos y económicos del momento, en lo cual también jugó un papel importante el contexto internacional del momento.

Por ejemplo, en los años entre la secesión e independencia de Panamá, en noviembre de 1903, y la apertura del canal de Panamá, en agosto de 1914, las expectativas generadas sobre el futuro comercio mundial y el miedo del Gobierno colombiano a perder el control sobre estos territorios limítrofes fueron factores que sirvieron de argumento a un periodo muy activo en grandes concesiones de tierras realizadas por el Gobierno, tanto en el Darién como en Urabá, a personajes de la vida nacional con proyectos extractivistas de diferente orden, que se superpusieron a otras dinámicas de ocupación de baldíos de parte de campesinos, además de propuestas de reorganización político-administrativa.

Precisamente, en 1905, con la reforma del Gobierno de Rafael Reyes, se determinó, entre muchas otras variaciones, la creación del efímero departamento de Quibdó y la inclusión de la banda oriental del río Atrato, esto es, el Urabá, como parte del departamento de Antioquia –que había perdido territorio con la creación del departamento de Caldas a partir de las provincias del sur–.6

No obstante, el municipio de Riosucio fue sustraído en 1908 de la parte concedida a Antioquia y regresado al departamento de Quibdó, que para 1910 pasó a llamarse intendencia del Chocó y administrarse como tal (Ley 65 del 14 de diciembre de 1909). Este municipio incluía las tierras aledañas al río Sucio y afluentes como el Pavarandó, entre otros, todas ellas zonas fronterizas con Antioquia, en las que en su momento solo estaba el poblado de Pavarandocito, pero en donde, décadas después, se activaría una colonización que daría lugar al caserío de Belén de Bajirá.

Estos territorios quedaron delimitados de una manera poco clara, imprecisa, de ahí que desde 1917 se comenzaran los intentos de definición de aquellos límites, como se lo planteó la comisión encabezada por el ingeniero Juan H. White, quien en el informe presentado al Senado el 26 de agosto de aquel año señalaba:

Fácilmente se convino en el límite desde el Atrato hacia el Este, por el curso del río Jiguamiandó y su afluente al Sur, la quebrada Jarapetocito, hasta el Alto de Cara de Perro, y de aquí al ramal entre las aguas del río Sucio y Jiguamiandó, adoptando por el Este los límites entre los Estados Soberanos de Antioquia y el Cauca a tiempo de la creación del Municipio, pasando el río Sucio y siguiendo los límites arcifinios hasta el caño Tumaradocito, desde donde sigue una línea recta a la Loma de las Pulgas, situada en la misma orilla del río Atrato, inmediata al remolino del mismo nombre.7

Por el lado del Chocó, desde la reintegración del municipio de Riosucio a sus territorios se señaló que el límite oriental con el departamento de Antioquia seguía “[…] la margen izquierda del río Atrato por el brazo de Murindó aguas abajo hasta un punto medio entre la desembocadura de los ríos Murindó y Jiguaminadó, luego por el divorcio de aguas de estos ríos, pasando por la cima del cerro ‘Cara de Perro’, hasta encontrar las cabeceras del río Pavarandó y por éste aguas abajo hasta su confluencia con el Riosucio, luego por las cabeceras del Tumaradocito siguiendo el divorcio de las aguas de este río y las del río Tumaradó hasta llegar al remolino de Pulgas en la orilla del río Atrato”.8

Esta descripción genérica, en muchos aspectos vaga, con referentes muy gruesos, es la que será recogida en los diferentes decretos y leyes que determinaron posteriormente las delimitaciones municipales al interior del Chocó, como el Decreto 1615 de 1944, mediante el cual se señalaron los límites de los municipios de la intendencia del Chocó y se organizaron y delimitaron los corregimientos intendenciales,9 o la definición de los límites del Chocó cuando fue erigido departamento en 1947 a través de la Ley 13 del 3 de noviembre, límites que fueron definidos así:

[…] sigue el límite por la vaguada occidental del rio Atrato, y por el brazo de Montaño hasta la boca de la quebrada Montaño, donde atraviesa la gran isla del Atrato, y sale el brazo de Murindó, siguiendo por este rio abajo hasta un punto medio entre los ríos Jiguamiandó y Murindó, que desembocan en el Atrato; luego sigue este lindero por el divorcio de aguas de los ríos citados, para ir a buscar las cabeceras del rio Pavarandó, hasta llegar a la confluencia de este con el Rio Sucio, para dirigirse luego a las cabeceras del rio Tumaradocito y buscar el divorcio de aguas entre este rio y el Tumaradó, hasta llegar al rio Atrato, en el remolino de las Pulgas.10

Como se lee, hay algunos cambios y precisiones sobre el propio río Atrato, pero en la parte más oriental, donde se ubicará precisamente Belén de Bajirá, siguen siendo los mismos límites arcifinios, aunque sin ninguna precisión topográfica ni de coordenadas y, por tanto, que inducen a la imprecisión y al litigio.

Esto es lo que trató de superar y precisar el igac cuando deslindó y amojonó el límite en lo que he señalado como fase técnica.

La discusión sobre la pertenencia histórica desde Antioquia

Uno de los más precarios y lamentables argumentos a los que se acude para defender el derecho sobre Belén de Bajirá es que históricamente ha pertenecido a Antioquia, ya desde la Conquista o desde la declaración de la independencia de Antioquia. En diferentes entrevistas y declaraciones de gobernantes, políticos o dirigentes se repite que “siempre ha sido nuestro”, “históricamente, centenariamente, tenemos todos los derechos sobre este territorio”, o, el más fundamental de todos, el que lleva los orígenes de los derechos territoriales al acto de independencia de Antioquia el 11 de agosto de 1813, en el cual “hubo un mapa… un mapa oficial que está guardado en la biblioteca del Banco de la República en Bogotá”, 11 como lo señaló el gobernador Luis Pérez Gutiérrez en una presentación televisiva, sin mostrar el supuesto mapa que acompañó el acto independentista.

También se han invocado sucesivos mapas elaborados en 1905 y 1919, entre otros años.

Obviamente no es necesario mucho esfuerzo para hacer evidentes las incongruencias temporales de tales argumentos, pues el “Acto de absoluta independencia de Antioquia” mediante el cual se declaró que el Estado de Antioquia desconocía la autoridad del Rey Fernando VII no estuvo acompañado de mapa alguno. Incluso ni en las constituciones de Antioquia de 1811 y 1815 hay mapas, ni descripción territorial, ni tampoco se incluyeron mínimamente los límites, lo que sí se hizo, por ejemplo, en la Constitución del Estado de Cartagena de Indias el 15 de junio de 1812. En esta, se incluyeron los territorios desde la cabecera del río Guamocó, en las montañas del mismo nombre, hasta las cabeceras del río Sucio, aguas abajo, hasta la desembocadura en el río Atrato y por este “hasta su salida al mar en el golfo del Darién”; esto es, reclamó como parte de su territorio el actual Urabá y las proximidades en disputa.

Por tanto, el pretendido mapa independentista no existe. Y el mencionado en el alegato del gobernador es una creación del presente, con la cual se quiere plasmar un territorio mítico que se reclama como propio, sin contar con las fronteras que solicitaron los otros Estados sobre territorios improbables a partir de leyes, como se decía en la referida Constitución del Estado de Cartagena de Indias: “hechas sin pleno conocimiento de causa”. Algo que se mantuvo por muchos decenios más, incluso hasta el presente, como lo muestra la disputa.

El uso de las “cartografías históricas”

Aparte de citar normas, acuerdos y leyes de todo orden, ya sea en términos de los procedimientos que se debían seguir en el Congreso de la República o en relación con distintas instancias en la definición de las divisiones político-administrativas, tanto en la escala departamental como municipal, uno de los principales mecanismos utilizados para construir una narrativa en beneficio propio fue el uso de mapas en las presentaciones oficiales de medios y en su posterior difusión en redes, cumpliendo de alguna manera lo que se plantea en el portal de la Environment and Society de que los mapas “[…] son representaciones más políticas que objetivas sobre un lugar. Al seleccionar y codificar algunas piezas de información, mientras se silencian otras, los mapas funcionan como discursos políticos y son usados como ‘órdenes de marcha’ para construir geografías”.12 Sin duda, esa construcción discursiva de orden político ha sido fundamental para apoyar las tesis en torno a las pretensiones antioqueñas sobre este territorio en disputa.

Un primer elemento que destaca es la manera de construir dichas cartografías para argumentar la “ilegalidad” y la “humillación” a la que se quiere someter al pueblo antioqueño. El ejemplo más destacado es el denominado ejercicio de “pedagogía ciudadana” titulado “Belén de Bajirá es Antioquia”, una presentación en PowerPoint producida por la Gobernación de Antioquia, refrendada por el propio gobernador, quien la expuso a los medios de comunicación en junio de 2017 y que está disponible en internet, en video y en PDF.13

Allí se incluyeron once mapas que se supone dan cuenta del territorio antioqueño y sus límites en diferentes épocas. La mayoría parte de bases cartográficas actuales, sobre las que se dibujan y perfilan las fronteras del territorio que, se supone, le pertenecía a Antioquia en cada año o época.

Es lo que ocurre precisamente con el denominado mapa del “Estado libre de Antioquia en 1813”, cuyo despliegue de fronteras llega hasta las orillas del río Atrato por el occidente, y al golfo de Urabá y el mar Caribe por el norte.

Este mapa, elaborado en 2012, es uno de los que aparece en la entrada de Antioquia en Wikipedia,14 con un autor anónimo –utiliza el seudónimo Shadowxfox– y sin referencia a los fundamentos históricos de este, por lo que no se corresponde necesariamente con lo que señalaron los cartógrafos e historiadores de principios del siglo xix acerca de lo que era el territorio de la entonces denominada provincia de Antioquia (figura 34).

Figura 34. Mapa del “Estado libre de Antioquia en 1813”, incluido en la presentación “Belén de Bajirá es Antioquia”.
Fuente: “Belén de Bajirá es Antioquia”, Pérez Gutiérrez.

Si nos atenemos a los mapas de la provincia de Antioquia atribuidos a José Manuel Restrepo entre 1809 y 1824 –antes y después del acto independentista–, una de sus características principales es la incertidumbre de sus fronteras. Entre ellas, las del norte y occidente, trazadas por rumbos inciertos un poco más allá del río Cauca, arriba de la confluencia del río Nechí hasta la Serranía de Abibe, y de allí por las cabeceras de los ríos Sucio, Murrí, Arquía, Bebará, lejos del golfo de Urabá y de las orillas del río Atrato. La colonial “provincia de Entre los dos Ríos” seguía siendo prácticamente la misma, entre los ríos Cauca y Magdalena, lejos de las vertientes del río Atrato y todavía lejana del golfo de Urabá (figura 35).

igura 35. Mapa de la Provincia de Antioquia en 1809, atribuido a José Manuel Restrepo.
Fuente: Biblioteca Nacional de Colombia, Fondo Pineda, Signatura: 103, Pieza 19

Situación de incertidumbre y lejanía que confirman los mapas del sueco Carlos Segismundo de Greiff de 1837, o la “Carta Corográfica del Estado de Antioquia”, elaborada por Manuel Ponce de León y Manuel María Paz en 1864 con los datos de la Comisión Corográfica (figura 36).

figura 36. Carta Corográfica del Estado de Antioquia.
Fuente: Wikimedia, s. v., “Carta Corográfica del Estado de Antioquia”, Manuel Ponce de León Manuel y Manuel
María Paz, 1864, https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/6/69/Mapa_del_Estado_de_Antioquia_%
281865%29.jpg.

En estas cartografías se precisan mejor las fronteras noroccidentales, llegando hasta el río Mutatá, la Serranía de Abibe, la confluencia del río Mongudó con el río Sucio, y, por el lado derecho del río Pavarandó, hasta las cabeceras del Murindó, en las que ya se plantea y traza un camino en busca del golfo.

Ya para 1885, cuando se publicó un libro fundamental para la historiografía de Antioquia como lo es la Geografía general y compendio histórico del estado de Antioquia en Colombia, de Manuel Uribe Ángel,15 impreso en París, las fronteras del mapa realizado en Berlín, aún en su incertidumbre, se extendían más al occidente, llegando por los lados de Murrí, pero todavía lejos del río Atrato, y en la frontera norte llegaban por Dabeiba, avizorando el golfo que aún estaba distante. Y en la confluencia de esas fronteras, en ese vértice estaba Pavarandó, pueblo de negros, por fuera de Antioquia, cuya raya limítrofe estaba más o menos cercana (figura 37).

figura 37. Mapa del Estado de Antioquia.
Fuente: Manuel Uribe Ángel, “Mapa del Estado de Antioquia”, en
Geografía general y compendio histórico del estado de Antioquia,
Manuel Uribe Ángel (París: Imprenta de Víctor Goupy y Jourdan, 1885).

Estos tres mapas corroboran y dejan en evidencia cómo el referido mapa del presente (figura 34) construye geografía y configura un discurso político de conveniencia, que no se corresponde con las percepciones territoriales que están presentes en las cartografías históricas. Por lo mismo, se acude a interpretaciones sesgadas, fronteras con trazos gruesos y groseras manipulaciones de la geografía, un intento de validación histórica al construir nuevos elementos en la narrativa mítica fundacional. Al acta de independencia se le suma ahora el mapa, para dar mayor veracidad y validez a los orígenes del “país antioqueño” moderno, existente incluso desde antes del propio Estado nacional. Muy bien lo señalaba John Brian Harley: “El sentido de poder más común en la cartografía es el poder externo a los mapas y al mapeo. Este sirve para relacionar a los mapas con los centros de poder político. El poder se ejerce sobre la cartografía”,16 algo que se evidencia en estas intervenciones y manipulaciones interesadas desde la centralidad del poder antioqueño sobre estas periferias regionales.

Hay que tener en cuenta, de manera adicional, que estas cartografías políticas con pretensiones históricas no hacen un uso intensivo de las cartografías históricas, como las que se han presentado. Solo en unos casos se apela a estas, pero claramente intervenidas con un evidente anacronismo histórico. No solo se hace visible esto en el mapa independentista, sino en toda la cartografía incluida en la mencionada presentación, lo que deja en evidencia la reincidencia en el anacronismo. En todos los mapas se inserta el topónimo de la población en disputa, esto es, Belén de Bajirá.

Obviamente aquí falla el conocimiento histórico o hay un intencionado sesgo con claras intenciones particulares, con lo cual se configura lo que el historiador francés Lucien Febvre llamó el “pecado de los pecados” de los historiadores, esto es, el anacronismo, de acuerdo a la cita que hace el también historiador Renán Silva, quien complementa que este problema está relacionado “con los usos políticos del análisis histórico, o como diría Jürgen Habermas, ‘con los usos políticos del pasado o usos públicos de la historia’17.

Se trata del problema de los usos del pasado como forma de legitimación del presente”.18 Como muy bien señala el mismo autor, es un recurso del que todas las sociedades han echado mano, pero no por eso se puede pasar inadvertido.

Ningún mapa elaborado antes de 1970 podría contener el topónimo de Belén de Bajirá, por la sencilla razón de que por entonces no existía, no se había formado el caserío inicial que definieron los primeros colonos. Mapas como los incluidos por Eduardo Acevedo Latorre en el Diccionario geográfico de la intendencia del Chocó, escrito en 1944, que se publicaron en el tomo VI de la Geografía económica de Colombia, dedicado al Chocó y editado en 1943 por la Contraloría General de la República, no dan cuenta de la existencia

de Belén de Bajirá. Si hubiera existido para aquellos años, debería estar señalado en el “croquis del municipio de Riosucio”, realizado por el ayudante de cartografía Carlos Valdeblánquez en 1943 (figura 38). En ese mapa solo se incluye dentro de los límites, en la confluencia del río Pavarandó Grande con el río Sucio, al pueblo de Pavarandó, pero ni al otro lado del río y dentro de los límites de la entonces intendencia del Chocó, ni tampoco afuera de estos hay alguna referencia toponímica de poblamiento en aquellas tierras que dos decenios después sí serían ocupadas por campesinos cortadores de madera, en busca de tierras dónde asentarse. Este territorio fue una frontera de poblamiento, punto de avance de “chilapos” –campesinos de origen sinuano o cordobés–, que eran mayoría, a los que se sumaron “paisas” y “negros chocoanos” en los años 60 del siglo xx. Como caserío, apenas se consolidó a principios de la década de 1970 con el nombre de Belén de Bajirá, conjunción de lo cristiano y lo indígena –entre el pueblo primigenio de Cristo y el complemento en lengua emberá, que quiere decir trueno que va–.19 Por lo tanto, es uno de los poblamientos jóvenes en aquella región al que llegó la carretera apenas en 1973.

figura 38. Croquis del municipio de Riosucio, 1943.
Fuente: Carlos Valdeblánquez, “Croquis del Municipio de Riosucio”, en Chocó, tomo VI de Geografía económica de Colombia,
Contraloría General de la República (Bogotá: Litografía Colombia, 1943), 621.

A manera de conclusión

Contrario a lo que se quiere ver, lo que sí evidencia la cartografía histórica ya referida en párrafos anteriores es una dinámica de expansión de las fronteras de Antioquia hacia el río Atrato y el golfo de Urabá a lo largo del siglo xix. Como bien lo señalaron María Teresa Uribe de Hincapié y Jesús María Álvarez en Raíces del poder regional: el caso antioqueño, el “país antioqueño” fue “un espacio regional en expansión”,20 en el que, al momento independentista, su dirigencia tuvo clara la necesidad de ensanchar sus límites por las fronteras del occidente, es decir, hacia el Atrato.

Ya el dictador Juan del Corral lo señalaba en la legislatura de Antioquia, luego de que fracasara su intento de incorporar en 1813 la provincia de Citará al Chocó bajo el supuesto de seguridad y defensa, pero, de manera fundamental, para tener acceso a rutas de comercio fluvial y puertos marítimos en el golfo. Algo que se logró en 1905 en el Gobierno de Rafael Reyes, cuando, mediante el reordenamiento territorial definido ese año, le desmembraron a Antioquia las provincias del sur, para crear el antiguo departamento de Caldas –“el Gran Caldas”– y, en compensación, recibió la banda oriental del río Atrato, desde el río Arquía hasta el golfo de Urabá, aunque, como ya se ha dicho, luego sería sustraído de allí el municipio de Riosucio, que quedaría de nuevo en el Chocó.

Precisamente allí, en ese territorio sin delimitación precisa, confluyeron procesos colonizadores de diferente orden a lo largo del siglo xx. Las grandes empresas madereras que talaron y exportaron al mercado norteamericano y europeo, aún sin permisos gubernamentales; los grandes proyectos bananeros –desde los primeros inversionistas alemanes en la década de 1910, pasando por la norteamericana United Fruit Company, hasta los inversionistas colombianos en la segunda mitad del siglo xx–; la construcción de la carretera al mar entre 1927 y 1955, y de la carretera Panamericana, especialmente entre 1954 y 1983, que la llevó del sitio de Guapá a las Lomas Aisladas, todo esto en su conjunto activó procesos colonizadores, ya fuera por la mano de obra que atrajo para las obras públicas y las explotaciones agroindustriales, o porque estas mismas fueron empujando, a los que previamente estuvieron asentados, a buscar nuevas fronteras donde talar, asentarse y cultivar, como ocurrió en Belén de Bajirá y en sus zonas aledañas tanto por el río Sucio, como hacia el norte, por las ciénagas de Tumaradó en la década de 1970.21

Este sector ha sido relevante por mucho tiempo por su ubicación estratégica.

El control de estas tierras ha generado un conflicto armado entre los diferentes grupos guerrilleros y paramilitares que se lo han disputado por decenios, ya para usarlas como corredores clandestinos, ya por el tráfico de armas procedente de Panamá y Estados Unidos que usa los mismos corredores empleados desde el siglo xix, ya por el narcotráfico desde Colombia hacia el mercado norteamericano, por intermedio de los países centroamericanos, sea por vías fluviales y terrestres a través del Darién, o directamente por los ríos Atrato y León y el golfo de Urabá. O también para la expansión de las fronteras ganaderas y agroindustriales, cuya última expresión radical ocurrió con la extensión de la plantación de palma africana para la producción de aceite, entre finales del siglo xx y principios del xxi. Este último proceso fue auspiciado por las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (accu), encabezadas por Vicente Castaño en alianza con sectores empresariales, quienes a través de una fachada organizativa denominada Asociación de Productores Agrícolas de Belén de Bajirá (Asoprobeba), creada el 28 de junio de 2001, expulsaron a los campesinos y a las comunidades negras de los ríos Jiguamiandó y Curvaradó que habían recibido los títulos colectivos. Un proyecto que inició en 1999 y culminó, al menos en términos judiciales, en diciembre de 2014, con la condena de empresarios y personas implicadas en el despojo, desplazamiento e, incluso, invasión de áreas de protección ecológica.22

Pero las tensiones se mantienen vigentes para los campesinos y comunidades negras por la presencia de actores armados ilegales –guerrillas disidentes luego del Acuerdo de Paz entre el Gobierno colombiano y las guerrillas de las farc-ep en noviembre de 2016, lo mismo que sectores paramilitares, grupos narcotraficantes y bandas criminales–. También por el valor estratégico que mantienen estas tierras para las actividades agroindustriales, ahora renovado por las expectativas de los mercados globales, cuando, después de siglos de espera, el ansiado puerto antioqueño en el golfo de Urabá se está convirtiendo en realidad, no únicamente en una versión, sino en tres, que se desarrollan al mismo tiempo: 1) Puerto Pisisí –en la propia bahía de Turbo–; 2) Puerto Antioquia –también en Turbo, pero en la zona de Bahía Colombia, en el corregimiento de Nueva Colonia– y, 3) el Darién International Port –en el municipio de Necoclí, en la parte nororiental del golfo–. Toda la producción del futuro desarrollo agroindustrial o de diferente orden en tierras como las que están en disputa necesariamente llegará a uno de estos tres puertos. En esta frontera interna se presenta el conflicto entre diferentes modelos de apropiación y desarrollo territorial: por un lado, un modelo basado en las tierras colectivas de comunidades negras y de campesinos y, de otro lado, un modelo basado en grandes extensiones ganaderas y potreros, que aspiran a convertirse en intervenciones agroindustriales.

Por lo tanto, este escenario de tensiones e intereses supera la mera confrontación histórica de dos entidades departamentales por la posesión de un pequeño pueblo olvidado por ellas mismas,23 lo que se refleja en las evidentes deficiencias infraestructurales, los problemas de pobreza y sus indicadores de Necesidades Básicas Insatisfechas. Más allá del pueblo están los territorios en conflicto y sus potencialidades e intereses de grupos muy variados, de ahí la necesidad de construir un relato histórico, una narrativa política que haga uso de elementos fundantes y míticos que apelan a lo identitario, a la simbología de unidad territorial, donde el mapa juega un papel crucial, de ahí la invocación a que el territorio no debería ser “despedazado”. Esto llevó a la movilización y convocatoria, promovida por el propio Gobierno de Antioquia en todo el departamento, para recoger un millón de firmas, con la pretensión de la “defensa del territorio”, poniendo a disposición recursos y funcionarios en una cruzada regionalista, a pesar de no tener ninguna validez jurídica. Se trataba de un mero hecho político y una exposición mediática, pues las firmas recogidas no tenían una finalidad expresa y terminaron haciendo parte de un archivo incómodo en el Congreso de la República, donde no sabían qué hacer con este, ni dónde almacenarlo.

Para alentar estas pretensiones identitarias y regionalistas hubo un descarado uso político del pasado que, recordando a Jürgen Habermas, sirvió para legitimar intereses del presente. Sobre esa cartografía se ejerció un poder conveniente que, como señala Harley, “ejemplifica un poder con la ayuda de los mapas”.24

El proceso descrito nos muestra que la cartografía usada, convenientemente intervenida y manipulada, aporta insumos para la construcción de la narrativa política, de conveniencia y tergiversación, con pretensiones históricas.

1. Profesor asociado de la Escuela del Hábitat de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín, correo: lfgonzal@unal.edu.co

2 El más antiguo de todos data de 1954 e involucra a los departamentos de Bolívar y Atlántico (sector de San Pedrito-Galerazamba-El Totumo) en la costa Caribe. Los otros son entre los departamentos de La Guajira y Cesar (sector Potrerito-El Rincón-Carrizal-Veracruz), entre Cesar y Norte de Santander (en dos sectores diferentes: San Alberto-La Esperanza y Aguachica-Río de Oro-Ocaña-El Carmen), entre Norte de Santander y Santander (sector de Silos-Guaca-Santa Bárbara), entre Santander y Boyacá (sector de Mojicones y Solón Wilches), entre Boyacá y Cundinamarca (sector La Victoria-Quípama con Yacopí), entre el Huila y Cauca (sector Santa Leticia-Moscopán), entre Cauca y Putumayo (sector de Puerto Guzmán y Piamonte), entre Putumayo y Nariño (sector entre los ríos Churuyaco y Rumiyaco), además de los dos del departamento de Antioquia con los departamentos de Córdoba y Chocó.

3 Siguiendo el Registro Único de Víctimas (ruv), el Centro Nacional de Memoria Histórica registró en ese periodo el desplazamiento de 167.178 personas: “los municipios que registraron mayores niveles de expulsión al interior de la región del Urabá fueron Turbo (38.136 personas), Necoclí (17.787 personas), Tierralta (9.998 personas), Apartadó (9.890 personas) y Arboletes (9.761 personas)”. Centro Nacional de Memoria Histórica, cnmh, Una nación desplazada. Informe nacional del desplazamiento forzado en Colombia (Bogotá: cnmh, uariv, 2015), 167.

4 Carmen Mena García, “Preparativos del viaje de Diego de Nicuesa para poblar la Tierra Firme. Sevilla y los mercaderes del comercio atlántico (1509)”, Revista de Indias, Vol. 72, no. 256 (2012): 620.

5 Mena García, “Preparativos del viaje”, 621.

6 Sobre estos vaivenes político-administrativos, las reformas, decretos y acuerdos, lo mismo que las probables razones para las determinaciones tomadas, ver el libro de José E. Mosquera, Historia de los litigios de límites entre Antioquia y Chocó. Siglos XVI-XXI, 1ª. ed. (Medellín: s. e., 2006).

7 Juan White et al., Informes de las comisiones nombradas por el Senado para demarcar los límites entre el Departamento de Antioquia con el de Bolívar, y la Intendencia del Chocó (Medellín: Imprenta Oficial, 1918), 23.

8 Contraloría General de la República, Chocó, tomo VI de Geografía económica de Colombia (Bogotá: Litografía Colombia, 1943), 622.

9 “Se señalan los límites a los municipios del Chocó y se organizan y delimitan los corregimientos intendenciales”, Diario Oficial (1944): 225.

10 Colombia, Congreso de la República, Ley 13 de 1947, Por la cual se crea el Departamento del Chocó, art. 1, Pár., https://www.suin-juriscol.gov.co/viewDocument.asp?id=1569190.

11 Ver el siguiente video del minuto 7:03 al 7:17: “Belén de Bajirá es Antioquia”, video de YouTube, 38:17, publicado por “Teleantioquia” el 1 de junio de 2017, https://www.youtube.com/watch?v=TFgf3K3p_zY.

12 “Las corrientes de la ciudad: Una historia del agua en la Bogotá del siglo xx”, Stefania Gallini et al., Portal de Medio Ambiente y Sociedad, 2014, http://www.environmentandsociety.org/exhibitions/agua-en-la-bogota/introduccion.

13 “Belén de Bajirá es Antioquia”, Luis Pérez Gutiérrez, Gobernación de Antioquia, 2017, http://antioquia.gov.co/images/pdf/presentacion-belen-bajira.pdf.

14 Wikipedia, s. v., “Antioquia División Político-Administrativa en 1813”, última modificación 2012,

https://es.wikipedia.org/wiki/Antioquia#/media/File:Antioquia_1813.svg.

15 Manuel Uribe Ángel, Geografía general y compendio histórico del estado de Antioquia en Colombia. (París: Imprenta de Víctor Goupy y Jourdan, 1885).

16 John Brian Harley, La nueva naturaleza de los mapas. Ensayos sobre la historia de la cartografía. (Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica, 2005), 203.

17 Cita tomada de Jürgen Habermas, La constelación postnacional. Ensayos políticos (Barcelona: Paidós, 2000), 43.

18 Renán Silva Olarte, “Del anacronismo en Historia y en Ciencias Sociales”, Historia Crítica (2009): 284.

19 Doris García Quintero, “Bajirá, trueno que va… un relato hacia el futuro de Urabá” (Tesis de maestría, Universidad de Antioquia, Medellín, 1993).

20 María Teresa Uribe de Hincapié y Jesús María Álvarez, Raíces del poder regional: el caso antioqueño. (Medellín: Editorial Universidad de Antioquia, 1998), 339.

21 Sobre los procesos y dinámicas en estos territorios ver: Luis Fernando González Escobar, El Darién. ocupación, poblamiento y transformación ambiental. Una revisión histórica. Parte II, (Medellín: Instituto Tecnológico Metropolitano, 2012).

22 De manera reiterada (2003, 2004, 2005, 2006, 2011) la Corte Interamericana de Derechos Humanos determinó medidas provisionales buscando favorecer la situación de la población ante el desplazamiento por parte de los actores armados en connivencia con los empresarios que se apropiaron de sus tierras. La Corte Interamericana instó al Gobierno colombiano a adoptar y mantener mecanismos de protección para los habitantes. Solo en julio de 2013 se levantaron las medidas, delegando en la Corte Constitucional de Colombia la supervisión del cumplimiento de las órdenes de protección emitidas de manera reiterada.

23 No es motivo de este análisis la construcción discursiva de la contraparte que, también, recurrió a la instrumentalización histórica e hizo una lectura del mapa acomodaticia, sin rigor y haciendo uso de otras argumentaciones, donde lo étnico y lo racial fueron sustantivos. Un segundo texto, en tal sentido, está en proceso de elaboración por parte del autor, por lo cual no es posible incluirlo en este texto colectivo.

24 Harley, La nueva naturaleza de los mapas, 203 (énfasis en el original).

Bibliografía

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“Belén de Bajirá es Antioquia”. Video de YouTube, 38:17. Publicado por “Teleantioquia” el 1 de junio de 2017. https://www.youtube.com/watch?v=TFgf3K3p_zY

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